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Tras largos años de experiencia en su asador de la localidad vizcaína de Santurce, José Mª González Barea –popularmente conocido con el sobrenombre de Currito- dio elsalto a Madrid en 1.975, instalándose en el pabellón de Vizcaya de la reciente clausurada Feria del Campo, que se celebra cada año en la Casa de Campo. La Casa de Campo es un gran espacio natural formado por docenas de hectáreas de pinares y praderas que flanquean la zona más septentrional de la capital de España. Situada frente al Palacio de Oriente, la Casa de Campo fue coto privado de caza de la familia real española hasta que, a principios del siglo XX, fue cedida al pueblo de Madrid. Como ya había hecho en Santurce, José Mª González Barea, Currito, dio su singular maestría, que demuestra en el desarrollo del recetario tradicional de la cocina de Vizcaya. Es un trabajo que se apoya, además, sobre dos puntales básicos: la calidad y personalidad de los productos de su tierra y su extraordinaria pericia en el manejo de la técnica del asado sobre brasas de carbón. Las parrillas de Currito elevan a la categoría de manjar todos los productos obtenidos en las aguas del Mar Cantábrico. Desde las especies consideradas más humildes, como las sardinas o los chicharros, hasta las más nobles, como la ventresca de atún, el rodaballo, la merluza o la lubina. Las especies marinas no tienen, sin embargo, la exclusiva. Junto a ellas, las carnes rojas también ocupan un lugar destacado en las parrillas de Currito. Pero las carnes y los pescados asados a la brasa no tienen la exclusiva en la oferta de Currito. Con ellos, José Mª González Barea trae a Madrid las más expresivas muestras de la cocina de su tierra, encabezadas por las dos fórmulas magistrales que emplean  en Vizcaya para tratar el bacalao: el pil-pil y la vizcaína. En su oferta hay una sólida presencia de guisos populares, como las alubias rojas, las pochas (judía recogida cuando todavía está tierna) o el marmitako (guiso marinero preparado basándose en patatas y atún).Más de treinta años después, Currito no ha perdido su apego por la cocina tradicional vasca, ni su dedicación a los asados a la parrilla. Sin embargo, hay una diferencia notable entre el Currito de 1.975 y el que podemos visitar actualmente. En esta tiempo Currito ha dado un monumental salto que le ha llevado a alcanzar las cotas de la llamada alta cocina.Este paso es fruto del trabajo desarrollado en los últimos años por José Miguel Muñoz y Marta González, yerno e hija de Currito. Desde que tomaron las riendas del establecimiento se ha venido operando un sutil y paulatino cambio que ha acabado por consagrar definitivamente el prestigio del restaurante. El Currito de hoy no ha abandonado el trabajo iniciado por su fundador, pero ha completado la oferta con platos novedosos y sugerentes, fruto del trabajo y la reflexión, que han ganado rápidamente el favor de su numerosísima  clientela. Así, junto a la morcilla de puerros (embutido preparado con sangre de cerdo, cebolla, puerros y especias), los chipirones encebollados, las patatas en salsa verde con kokotxas de merluza o las anchoas fritas, podemos encontrar platos tan singulares como el foie en escabeche, la ensalada templada de bacalao y marisco o las milhojas de rabo de toro. El restaurante Currito es hoy unos de los puntos de referencia obligados en la cocina de Madrid. Sus comedores y, en temporada estival, su singular terraza rodeada de frondosos árboles, se encuentran entre los más solicitados de la capital de España.

 

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